

El Ritual del Color.
El color es un vehiculo donde viaja mi intuición.
Ese viaje me propone renunciar a algo conocido en búsqueda de lo desconocido, abre en mi a una visión que tiende hacia lo sin límites.
Imagino un cuadro como un túnel donde las inquietas fulguraciones del color determinen nuevas relaciones entre polaridades, entre vibraciones que podrían asimilarse a una idea musical, un ritmo, una danza a la cual abandonarse…
La experiencia del color está ligada a una expresión de movimiento, que ocurre a través de una conexión corporal con la materia pictórica, en una proyección que funciona como metáfora del cuerpo y como espejo de un impulso primitivo.
A través del ritual del color, encuentro el paisaje personal que se oculta detrás de la máscara, buscando en sus huellas los rastros de una identidad perpetuamente inasequible.
El color es un vehiculo donde viaja mi intuición.
Ese viaje me propone renunciar a algo conocido en búsqueda de lo desconocido, abre en mi a una visión que tiende hacia lo sin límites.
Imagino un cuadro como un túnel donde las inquietas fulguraciones del color determinen nuevas relaciones entre polaridades, entre vibraciones que podrían asimilarse a una idea musical, un ritmo, una danza a la cual abandonarse…
La experiencia del color está ligada a una expresión de movimiento, que ocurre a través de una conexión corporal con la materia pictórica, en una proyección que funciona como metáfora del cuerpo y como espejo de un impulso primitivo.
A través del ritual del color, encuentro el paisaje personal que se oculta detrás de la máscara, buscando en sus huellas los rastros de una identidad perpetuamente inasequible.
Vértigo, Acrílico sobre tela, 140 x 200 cm, 2007
Vorágine,Acrílico sobre tela, 140 x 200 cm, 2007
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